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Curiosidades Geográficas

El pueblo español que volvió a aparecer cuando bajó el embalse

La historia de Mansilla de la Sierra, un pueblo de La Rioja que fue sumergido por un embalse en los años 60 y cuyas ruinas emergen cada verano cuando baja el agua.

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Marco Vidal
| | 7 min de lectura
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La historia que el agua no pudo borrar

En la comarca de Tierra de Cameros, en La Rioja, existe un fenómeno que cada verano atrae a curiosos y nostálgicos por igual: las ruinas de un pueblo entero que emerge del fondo de un embalse, como un fantasma que se niega a desaparecer. Se trata de Mansilla de la Sierra, un municipio que fue sacrificado por el progreso en 1960 y que, sin embargo, sigue volviendo.

No es una leyenda. Cada año, cuando el nivel del agua del embalse de Mansilla desciende por la sequía estival o por la gestión hidráulica, los esqueletos de piedra del antiguo pueblo afloran a la superficie. Calles empedradas, muros de casas, la estructura de la iglesia parroquial, incluso las líneas que marcaban los límites de las fincas: todo reaparece como un mapa de una vida que fue, literalmente, ahogada.

El contexto: la España de los pantanos

Para entender lo que ocurrió en Mansilla hay que situarse en la España de mediados del siglo XX. Durante el franquismo, el régimen impulsó una política masiva de construcción de embalses y pantanos destinados a la generación hidroeléctrica y al regadío. Se construyeron más de 300 grandes presas entre 1940 y 1975, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica.

Esta política supuso el desplazamiento forzoso de miles de personas y la desaparición de decenas de pueblos. Comunidades enteras tuvieron que abandonar sus hogares, sus tierras, sus cementerios. Los vecinos recibían una compensación económica —a menudo considerada insuficiente— y debían rehacer sus vidas en otros lugares.

Mansilla de la Sierra fue uno de esos pueblos. La presa, construida entre 1959 y 1960 sobre el río Najerilla, tenía como objetivo principal abastecer de agua a Logroño y regular el caudal del río para uso agrícola. El viejo Mansilla, con su casco urbano medieval, su iglesia del siglo XVI y sus casonas de piedra, quedó condenado.

La evacuación: adiós con lo puesto

Los aproximadamente 500 habitantes de Mansilla fueron realojados en un nuevo pueblo construido en la ladera de una colina cercana, a mayor altitud. El Nuevo Mansilla fue diseñado siguiendo los planes urbanísticos del Instituto Nacional de Colonización, con casas funcionales de planta baja y primera, calles rectas y una plaza central.

Pero no fue un traslado sencillo. Muchos vecinos se resistieron hasta el último momento. Hubo familias que tuvieron que ser desalojadas por la Guardia Civil cuando el agua ya empezaba a subir. Los relatos orales, recogidos por historiadores locales como Ángel García de Jalón, hablan de escenas desgarradoras: ancianos que no querían abandonar las casas donde habían nacido, ganaderos que no sabían dónde llevar sus rebaños, niños que no entendían por qué debían irse.

Antes de que el agua lo cubriera todo, se demolieron parcialmente algunas estructuras para evitar que interfirieran con la presa. La iglesia fue dinamitada hasta la altura de las ventanas, pero los muros gruesos resistieron. Los cementerios fueron exhumados y trasladados, aunque según testimonios locales, no siempre con el cuidado debido.

La resurrección estival

Lo extraordinario de Mansilla es que no desapareció del todo. A diferencia de otros pueblos sumergidos en España —como Riaño en León, donde la presa es mucho más profunda—, el embalse de Mansilla tiene una capacidad relativamente modesta (68 hectómetros cúbicos) y su nivel fluctúa de forma considerable a lo largo del año.

Cuando el embalse baja por debajo del 40% de su capacidad, el antiguo pueblo comienza a asomar. Primero aparecen los tejados más altos, luego los muros, después las calles. En veranos de sequía extrema, como los de 2017, 2022 y 2023, el pueblo se ha dejado ver casi completo, con el lodo y la vegetación acuática cubriendo como un manto lo que antes fueron hogares.

Las imágenes son impactantes. La estructura de la iglesia, con sus arcos todavía en pie, parece un templo romano recién excavado. Las paredes de las casas conservan restos de cal y pintura. En algunas zonas se pueden identificar escaleras, chimeneas, hornos de pan. Es como caminar por las ruinas de Pompeya, pero con agua de embalse en vez de ceniza volcánica.

El pueblo hoy: entre la memoria y el turismo

El Nuevo Mansilla cuenta hoy con apenas 80 habitantes censados, la mayoría personas mayores. Como tantos pueblos de la España vaciada, ha sufrido una despoblación constante desde los años 70. Sin embargo, cada verano recibe un flujo inusual de visitantes: personas que acuden a ver las ruinas emergidas.

El Ayuntamiento ha instalado paneles informativos en los miradores del embalse, y hay rutas señalizadas que permiten recorrer el perímetro cuando el nivel del agua lo permite. No existe un acceso formal a las ruinas por motivos de seguridad —el terreno es fangoso e inestable—, pero eso no impide que muchos curiosos se aventuren entre los muros.

En los últimos años, el pueblo sumergido se ha convertido también en un icono mediático. Reportajes en medios como El País, La Sexta y cadenas internacionales como la BBC han difundido las imágenes del pueblo fantasma, convirtiendo a Mansilla en un símbolo involuntario de dos crisis españolas: la memoria histórica del desarrollismo franquista y la sequía provocada por el cambio climático.

No es el único: otros pueblos bajo el agua

España tiene docenas de pueblos sumergidos. Entre los más conocidos están Riaño (León), cuyas ruinas apenas se ven por la profundidad de la presa; Mediano (Huesca), cuyo campanario medieval sobresale del agua como un faro melancólico; y Aceredo (Ourense), en el embalse de Lindoso, que reapareció espectacularmente durante la sequía de 2022.

En Portugal, el pueblo de Vilarinho das Furnas tiene una historia similar: sumergido en 1972 por una presa hidroeléctrica, emerge cuando el agua baja. En Italia, el famoso campanario del Lago di Resia en el Tirol del Sur marca el lugar donde el pueblo de Curon Venosta desapareció en 1950.

Cada uno de estos lugares cuenta la misma historia con distintos acentos: el conflicto entre el progreso y la identidad, entre la utilidad colectiva y la justicia individual.

Cómo visitar Mansilla de la Sierra

Si quieres ver las ruinas, la mejor época es entre agosto y octubre, cuando el embalse suele estar en sus niveles más bajos. La localidad está a unos 50 kilómetros al sur de Logroño, accesible por la carretera LR-113.

Desde el Nuevo Mansilla, hay un mirador junto al cementerio actual que ofrece una vista panorámica del embalse. Si el nivel del agua es lo suficientemente bajo, podrás distinguir las estructuras del antiguo pueblo desde allí. Para una perspectiva más cercana, existen caminos que bajan hasta la orilla, aunque se recomienda calzado resistente al agua y precaución con el barro.

La zona también es interesante para los amantes del senderismo y la naturaleza. La Sierra de la Demanda, el monasterio de Valvanera y los pueblos de Viniegra de Arriba y Viniegra de Abajo están a pocos kilómetros y merecen una visita.


Mansilla de la Sierra nos recuerda que, a veces, lo que intentamos borrar encuentra la forma de volver. Y que bajo la superficie de un embalse puede latir la memoria de un pueblo entero.

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Retrato editorial ilustrado de Marco Vidal

Marco Vidal

Viajes y geografía

Marco Vidal lleva años escribiendo sobre geografía y viajes alternativos. Recorrió carreteras secundarias por media Europa antes de crear RouteWonder, un proyecto para documentar destinos que no siempre aparecen en las guías rápidas. Cuando no viaja, está en Barcelona mirando mapas y planeando el siguiente desvío.

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